De saberte cierta...







En cada uno de los detalles en que sumerjo mis sentires, tu presencia hace de mis días una afirmación de mi amor por vos. Con todo lo que esta inmensa palabra significa, que acepta las subidas y bajadas de este nuestro mar y sus olas. Qué vanidad imaginar que puedo darte todo, el amor y la dicha, itinerarios, música, manjares. No es malsana palabrería un inocente engaño, que sin querer, se formula en tu cabeza. Toda mi verdad está en vos. Es cierto que es así: todo lo mío te lo doy, es cierto, pero todo lo mío no te basta como a mí no me basta que me des todo lo tuyo. Cuando digo Te Amo, no es un simple decir. Mi mente que es mi cuerpo, hace gala de sano orgullo. De saberte cierta en cada uno de mis más íntimos instantes y próximos a mis afueras. Por eso no seremos nunca la pareja perfecta, la tarjeta postal, si no somos capaces de aceptar que sólo en la aritmética el dos nace del uno más el uno. Sólo tu creencia nos acerca al amor después del amor. Por ahí un papelito que solamente dice: siempre sos mi espejo, quiero decir, que para verme tengo que mirarte...



2013






Mujer, volvería...





Volvería, Mujer, volvería al abandono de  tus brazos, aunque me hicieses pedazos, volvería, arrastrando mi culpa como un perro muerto, volvería, con toda mi vida en los bolsillos, como un circo, como un petardo, como un traje funerario, volvería, sin duda volvería ensimismado como vuelven los jóvenes combatientes trasnochados por las bombas, volvería gritando ya no tengo sueño, ya no tengo hambre, ya no tengo remedio, escondido entre una nube de viudas delirantes, remolcando mis botas por un compas  de enmarañados recuerdos, con las uñas largas por si desfallecen las piernas, volvería ciego como un espejo, como una mala apuesta, volvería murmurando, ese cura gordo se ha tragado mi buena estrella y camina tambaleante con una sonrisa en la boca y ¿qué hay del resplandor en mis ojos? A mí no me abras si vuelvo borracho, Mujer, todo se ha vuelto oscuro en la ciudad de mis entrañas pero yo volvería, si, volvería cargado de sujetadores grandes, botellas rotas, calcetines reciclados, volvería sin camisa, sin sexo, convertido en un aire pálido, débil, escurridizo, lleno de indigestos remordimientos, con un reloj suizo sin pájaro plantado en el pecho, con un pasado lánguido de apático oficinista, sin haber pagado la hipoteca, volvería desorientado, deslucido, apagado, piedra fría entre la lumbre apagada de mis sueños, gritando el hombre que soñé se escurre por las rendijas de mis manos, volvería, Mujer, sólo así volvería


Barcelona/2008




En la realidad ficcionando la realidad...





En este escrito, que podríamos bautizar venturosamente como Educando al cretino (pero que no lo haremos debido a que todos nuestros amigos son un poco cretinos), suceden cosas extrañas. Una mañana, mientras me hidrataba con café (cosa rara en mi, prefiero cebar mate), leí en un correo electrónico:

...no la comprendo. Cuándo estábamos juntos ella era diferente. Hace seis meses decidí terminar la relación. Nos vemos diariamente debido a que trabajamos juntos, y en el último tiempo la veo completamente cambiada... ¿Qué pudo haber pasado?... (El resto de la epístola electrónica es una secuencia de oraciones lacrimógenas sin importancia).

Al leerlo pensé: -Este café es una cagada, quién me manda a tomar café. y luego ¿Es que los hombres jamás entenderemos a las mujeres?

Es absurdo encarar la cuestión desde la lógica masculina, particularmente porque la interrogante está planteada en términos erróneos. Es lo mismo preguntarse por qué no entendemos a las mujeres que por qué no comprendemos los principios de la física cuántica. Es decir: no comprendemos porque nunca nos hemos tomado la molestia de estudiar la física cuántica, ni de escuchar a una mujer.

Por inquietante que parezca, las mujeres se comunican. Y su comunicación flota en tantos niveles que es normal que nosotros nos perdamos en el camino. El hombre cuando menciona algo generalmente se refiere a ese algo y nada más. Pero una mujer jamás habla de una sola cosa, y mientras usted, querido lector absorto, se devana los sesos tratando de entender a su ex novia, y su novedosa inclinación por otros caballeros, le recordamos que ella le brindó, oportunamente, toda la información necesaria para comprenderla.

-¿De dónde hemos sacado la idea de que las mujeres necesitan ser rescatadas? -me interrogué, lacónico- Estamos habituados a jugar con el disfraz de un héroe que no somos, y que ellas no necesitan. Ciertamente hay damas que fantasean con príncipes azules (la estulticia no sólo es un bien masculino), pero esta sub-especie femenina se encarga por sí sola de dotar de principados a cualquier gil, de modo que no vale la pena analizarlas. La mujer que nos interesa no busca otra cosa que un compañero -o una compañera, agregué, enardecido, con una voz retumbante y familiar recordándome las cuestiones de género-, y esta cualidad, querido lector abúlico, no se adquiere mediante la lectura furtiva de Cosmopolitan o Gente, o Caras, sino de la exploración de la verdadera masculinidad.

Para entender a las mujeres es necesario escucharlas, y cómo aquí no podemos escucharlas a todas, yo por mi parte he seleccionado la voz y las palabras de una muy especial. Que sea esto a partir de ahora, que reafirme mi corrección y mi encuentro con lo buscado.



Omar Coello/Llué-Asturies- Madrid/2012





Pienso...





¿La mejor cosa del mundo es?
Los girasoles de junio perlados por el rocío de mayo;
El dulce tibio viento del sur diciendo que no lloverá;
La Verdad, despojada de crueldad con los amigos;
La Belleza, hasta agotar su orgullo no envanecida;
El Amor cuando somos amados de nuevo;
La mejor cosa del mundo es,
algo fuera de ella, pienso.

Madrid/2012



Dolor dolor...





Les digo que la pena sin esperanza es pena sin pasión,
y que sólo los hombres incrédulos sienten dolor.

Furiosos por la angustia en el aire de la noche,
se aúpan hacia el trono de Dios vociferando conjuros.

En un desierto pleno de almas, yace el silencio desnudo
bajo el albo celeste y vertical ojo del cielo absoluto.

El hombre de corazón profundo expresa la pena
por sus pesares en el silencio, más queda mudo,
como una estatua descomunal erguida en eterna piedra.

Pueden tocarlo, la piedra de sus ojos nunca se humedece,
pues si llorar pudiese, podría surgir y desaparecer.



Madrid/2012